La felicidad dicen, es algo que llega a uno sin la necesidad de buscarlo, y la verdad nunca me he puesto a hacerlo. Siempre he considerado que mi vida es buena y que no necesito nada más para ser feliz, pero revisando mi forma de ser y de actuar, me doy cuenta que necesito solo una cosa para ser feliz, a mi mismo. No estoy hablando de algo religioso, estoy hablando de encontrarme a mi mismo, eso que me haga único y que no me deje ser alguien que cae ante lo que se le atraviesa en su camino. Los sociólogos lo llamarían personalidad, los religiosos lo llamarían encuentro espiritual, pero yo no lo tengo en ninguno de estos aspectos, simplemente quiero encontrar la conección entre quien soy en la sociedad y quien está oculto bajo este frío manto de inexpresividad, lleno de miedos y de ataduras que no lo deja ser libre. Una vez me preguntaron, ¿Qué animal te gustaría ser? y yo respondí, sin miedos ni titubeos: Yo. Porque no es que me sienta como un animal, sino que siento que el animal, lo que para mí es mi ser interno, quien soy en realidad, es lo único que quiero ser.
Entre la espada y la pared
Los conflictos, a mi parecer, llevan a todas las personas a tomar muchas decisiones incorrectas en una gran cantidad de casos, sin embargo, si puedes manejar estos conflictos te llevarán a ser una gran persona y a poder hacer grandes cosas.
Este es mi modo de pensar habitual, pero no puedo mantener lo dicho si yo no lo pongo a prueba, lucho cada momento contra mi mismo, y creo que estoy perdiendo la batalla. Todos mis amigos piensan que yo soy una de esas personas que no sienten nada, ni alegría, ni tristeza, ni emoción alguna, y esto es porque yo he trabajado en crear esa imagen de mi. Aunque esté sufriendo, mi expresión no cambia, porque es una de las cosas que no me agrada mostrar.
Todo acaba con el tiempo, si bien es este lo que cura las heridas, también es lo que acaba con todo, la vida, la mentira, la máscara, todo esto cae por su peso. Una muestra de esto es lo que estoy sintiendo ahora, veo que las cosas bienen sobre mi como si fuera el peso de miles de mundos. Mis emociones, aprisionadas por mi mismo, se liberan, sin dejar que yo pueda evitarlo.
Callar ya no es la solución, pues lo he hecho por mucho tiempo, y ya me cansé de ello. Sin embargo, la verdad es que en este conflicto interno no puede haber ganador, pues si callo, acabo conmigo, y si grito, destrozo lo que tanto me he esforzado en crear. A mi.
Llorar no vale la pena
La verdad, estuve pensando durante mucho tiempo acerca de este artículo, pues no tenía ni la menor idea de como iniciarlo, sino solo de lo que quería hablar.Llorar siempre ha sido considerado como la expresión de lo que el alma guarda en lo más profundo, pero que pasa cuando lo que el alma guarda no puede ser dicho ni mucho menos expresado. En lo personal, llevo varios años sin llorar y aún cuando he querido me he dado cuenta que no puedo, honestamente no tengo idea de cual es la razón pero si sé que me alegro de ser así. Mi rostro podrá no reflejar lo que siento, pero si lo que es correcto, pues cada persona que se deja herir, lo hace, al menos en mi opinión, porque pueden darse cuenta del valor que tiene, una mujer que llora porque su marido la dejó, o incluso un joven que llora por estar enamorado.
Ahora estarán pensando, y ¿Qué hay de quienes lloran porque un ser querido esta sufriendo o ha muerto? Yo les digo que ni aún en este caso es bueno llorar, porque quienes sufren, estan mostrando su fortaleza interna, y solo de esta manera pueden dar a conocer lo que hay en cada uno de ellos, su verdadero ser, su verdadero origen. Y quienes mueren, no lo hicieron para que lloremos de tisteza, sino para que nos alegremos, porque la vida en este mundo acaba, pero la vida que espera por nosotros más alla de esta realidad, es mejor que cualquiera de los placeres que podríamos encontrar aquí.
No estoy tratando de cambiarlos, sino de cambiarme, pues quienes no lloran, parece que no tienen alma, pero como diria el escritor Juan de Dios Peza, " El alma llora cuando el rostro rie".
No hay comentarios:
Publicar un comentario