Una carta es una simple manera de hablar, y
la verdad, no tenía idea de que escribir antes de este momento, y me parece que
lo mejor sería iniciar desde el principio.
Cuando te conocí, no
tenía idea de lo que serías para mí, pero sabía que de alguna manera me ibas a
marcar. Te vi cruzando la calle, te acababas de mudar cerca de mi casa, así que
decidí por un momento dejar de un lado mis temores y hablarte. Eras tan bella
que no tuve la más mínima idea de que decir, pero aun así me ayudaste y reíste
para romper ese frío momento.
Después de esto, te fui conociendo cada vez
más hasta que de alguna manera te metiste en mi corazón, más adentro de lo que
jamás nadie había llegado. Alumbraste hasta el último rincón de mi alma,
llegando a ser la persona más importante de mi vida.
Ahora, me veo obligado a despedirme y a
decir adiós a todo aquello que siento. Lamento tener que decirlo de esta
manera, pero no quería ver tus ojos color de miel cuando me alejara, verte
llorar habría sido para mí, el peor castigo que pudiera padecer mi alma.
Ten en cuenta que no espero que lo que está
ocurriendo, acabe con la relación que de alguna manera hemos llegado a formar,
cada uno con sus cualidades y defectos la fue fortaleciendo, pero el destino se
empeñó en separarnos de tal manera que lo logró, y no he podido hacer nada al
respecto.
Perdón por no poder pararme frente a ti y
decirte todo lo que ocurre, mis sentimientos siempre fueron tales, que de
alguna manera, los oculte de tu mirada. Pero lograste penetrar la gran muralla
que cubría mi corazón, y me dejaste entrar en el tuyo.
Está de más decir que todo lo que he
escrito no es más que la verdad, y que siempre la has conocido, me alejo ahora,
dejo lo que alguna vez conocí y me resigno a perder todo lo que para mí es
importante. Y a pesar de la nueva etapa de mi vida a la que entro puede ser
algo único, nada lo será tanto como lo que mi corazón siente por ti. Adiós.
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