Kirbycuentos


Entre lágrimas y suspiros

Llegó la noche, y yo me estaba preparando tranquilamente para dejar el lugar donde actualmente trabajaba, me aseguraba que todo estuviera en orden, que mi computadora finalmente terminara de apagarse, que todos los papeles que estaba manejando estuvieran perfectamente organizados en mi portafolios, donde había guardado desde hacía ya algún tiempo, algunas cartas de amor que nunca pensé utilizar en esta vida, pero eso ahora no era lo importante, sino asegurarme que todo estuviera preparado para no tener preocupaciones hasta que llegara el día siguiente. Viendo que ya todo estaba preparado, decidí dejar la oficina y encaminarme a casa, donde aguardaban los sueños con los que cada noche descansaba.

Sin embargo, esta vez era diferente, me sentía de alguna manera feliz, algo que usualmente no ocurría en mí. Esa noche, ocurrió algo para  lo cual no estaba preparado, al cruzar la esquina del edificio, la vi, una imagen tan hermosa y pura, que aún hoy, tengo grabada en mi memoria. Era algo que nunca antes en mi vida se había cruzado frente a mis ojos, su cabello como la tierra, su piel de nubes, la tersura de sus mejillas, pero sobre todo, una mirada penetrante que llegué a sentirme totalmente desarmado ante ella. Era una sensación tan extraña y tan ajena a todo lo que yo me había esforzado por hacer que creí por un momento que me alejaba del suelo.

Todo era perfecto, el momento, el lugar, la hora, solo hacía falta una cosa, mi valor. Pensé en una ocasión hacía ya algún tiempo arrojar mis cartas al viento y dejar que se perdiera en el tiempo mi inspiración, pero algo me había detenido, una canción, un simple sonido que al compás de mi corazón logró cambiar lo que para mí era tan extraño.

Ahora me daba cuenta que no pude hacerlo porque esas cartas llevaban dentro la verdadera esencia de mi persona, por lo cual no pude desprenderme de ellas por más que deseara hacerlo.

El tiempo pareció detenerse en ese instante, no sé cuánto estuve allí observándola, pero no pude evitar quedarme estancado como una estatua, sentí que mis pies eran de plomo y no podía despegarlos del piso, pero aun así intenté articular palabra, pero no pude hacer más que asustarla y hacerle pensar que yo era el peor ser sobre la faz de la tierra.

Ahora, cual si estuviera al borde de mi vida, me encuentro con la mente perdida, tratando de explicar la razón de mi comportamiento de aquel día y ni aun cuando pueda entenderlo, podré recuperar la oportunidad que dejé ir hace ya algún tiempo. En estos días no he podido más que pensar en ese momento que se volvió eterno en el existir del tiempo. Sin embargo, no puedo evitar recordarlo con nostalgia.




El Perfume

Un aroma, una leve fragancia que cambió mi vida, mi forma de pensar. Avanzo un paso a la puerta, lejanos recuerdos vienen a mí como una lluvia interminable de sensaciones que llenan mi olfato con recuerdos que ya habían quedado tan al fondo de mi subconsciente. Avanzo otro paso, mi mente viaja a mi pasado, cuando yo era aún un bebé, veo a mi madre cargándome entre sus brazos, tratando de consolar a un bebé que no dejaba de llorar. De repente, me transporto, llego a un paraíso terrenal, junto a mí, una joven cuyo perfume aún puedo sentir en lo más profundo de mi ser, un lugar tan hermoso como el rostro de esta señorita.
Me acerco un poco más a la puerta, y no puedo evitar pensar en mi adolescencia, cuando cruzaba la escuela, reconozco a mis amigos, algunos que aún conservo, pero hay algo que había olvidado, una pequeña discusión con mis padres, por lo cual salí de casa. Me encuentro a un solo paso de la puerta y aún así, los aromas no se alejan de mí. Ahora recuerdo unos días atrás, cuando vi a todas las personas celebrando mi cumpleaños número 27.
Al fin llego a la puerta, pero en un momento caigo al suelo, al fin lo entiendo. El olor que me trajo estos recuerdos no es más que el olor a sangre, que estaba ahora brotando de mi pecho. Mientras pido perdón por mis actos pasados y exhalo mi último suspiro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario